La clitra del pistacho (Labidostomis lusitanica) en pistacho es uno de esos problemas que puede pasar de “no veo nada raro” a “tengo varios árboles defoliados” en muy poco tiempo. No es una exageración: según la ponencia de Guayente Latorre, de la Universidad de Castilla-La Mancha, este coleóptero puede aparecer de forma súbita entre abril y junio y concentrarse en agregados sobre los árboles. En plantaciones jóvenes, ese comportamiento puede marcar la diferencia entre un daño puntual y un problema serio.
La charla, titulada “Guayule y control sostenible de Labidostomis: una alternativa emergente en pistacho”, se presentó en el encuentro Phytoma sobre pistacho y almendro. El enfoque fue especialmente interesante porque no se centró solo en describir la plaga, sino en una posible vía de control basada en compuestos vegetales: la resina del guayule.
Qué es la clitra del pistacho (Labidostomis lusitanica)
Labidostomis lusitanica, conocida tradicionalmente como clitra, es un escarabajo de la familia Chrysomelidae. En la ponencia se explicó que se trata de un insecto propio del entorno mediterráneo, pero con una particularidad importante: como plaga del pistacho, se ha declarado en España, no en otros grandes países productores como Turquía, Irán o Estados Unidos, según indicó la investigadora.
Este punto es clave porque significa que el conocimiento disponible no siempre puede importarse directamente de otros modelos productivos. En otras plagas o enfermedades del pistacho, España puede mirar a California, Turquía o Irán para comparar experiencias. En este caso, el sector español necesita generar su propia base técnica.
Cuándo aparece Labidostomis en pistacho
Uno de los aspectos más llamativos es su aparición repentina. La ponencia situó la presencia asociada al cultivo del pistacho entre abril y junio, con entradas que pueden parecer súbitas: una parcela puede no mostrar daños visibles un día y, pocos días después, presentar árboles con una presencia elevada de adultos.
Esto obliga a mirar la parcela con una lógica distinta. No basta con revisar de forma general el estado vegetativo: en periodos de riesgo conviene observar con atención brotes, hojas y árboles jóvenes, especialmente si ya se han visto daños en campañas anteriores o en parcelas cercanas.

Por qué preocupa más en plantaciones jóvenes
El principal daño descrito es la defoliación. La Labidostomis puede agruparse en grandes cantidades y alimentarse de las hojas hasta dejar, en algunos casos, únicamente los nervios. En árboles adultos, más robustos y con mayor volumen vegetativo, el impacto puede ser menor. Pero en árboles jóvenes, todavía en formación, una defoliación intensa puede comprometer el desarrollo de la planta.
La investigadora lo explicó de forma muy clara: en plantaciones jóvenes, si Labidostomis entra y defolia varios árboles en una mañana, ya se podría hablar de pérdidas.
“En Labidostomis, el problema no es solo que coma hoja: es la rapidez con la que puede concentrarse y defoliar árboles jóvenes.”
Este matiz es importante para Pistacho Pro porque gran parte del pistacho español aún se encuentra en fases relativamente jóvenes de desarrollo. El riesgo no debe valorarse solo por la presencia del insecto, sino por el estado de la plantación y la capacidad del árbol para recuperarse.

El reto del control sostenible de Labidostomis
El manejo de esta plaga plantea varias dificultades. Por un lado, su comportamiento agregado hace que el daño pueda concentrarse de forma intensa en determinados árboles o zonas de la parcela. Por otro, el margen de herramientas disponibles puede ser limitado, especialmente en producción ecológica.
En la ponencia se mencionó que, ante la falta de soluciones suficientemente adaptadas, algunos agricultores han recurrido a métodos muy manuales, como golpear árboles para hacer caer los insectos en cubos con agua o gasolina. La propia ponente señaló que este tipo de prácticas no son sostenibles a largo plazo y que el sector necesita alternativas respetuosas con el medio ambiente y útiles frente a pérdidas directas.
Ahí entra el guayule.
Qué es el guayule y por qué se está estudiando
El guayule es una planta que despierta interés por su metabolismo secundario, es decir, por la variedad de compuestos que produce y que pueden tener funciones defensivas frente a herbívoros, patógenos u otros organismos.
En la charla se explicó que muchas plantas generan metabolitos secundarios que les sirven para protegerse, y que esos compuestos pueden aprovecharse para desarrollar pesticidas botánicos.
La conexión entre guayule y Labidostomis surgió a partir de una observación de campo. En un viñedo de Toledo donde también aparecía Labidostomis lusitanica, el agricultor implantó guayule. Cuando las plantas alcanzaron la madurez, la plaga desapareció del viñedo. Esa observación llevó al equipo investigador a preguntarse si el guayule podía estar ahuyentando o dificultando la alimentación de Labidostomis.
Qué dicen los ensayos con guayule frente a Labidostomis
A partir de esa observación, el equipo realizó ensayos desde 2022, incluyendo pruebas in vitro de actividad repelente y antialimentaria. En estos ensayos se comparó la resina de guayule con aceites esenciales conocidos por su posible efecto repelente, como tomillo, orégano y ajedrea. Los insectos se colocaban en olfactómetros con hojas de pistacho tratadas, y después se medía tanto la presencia de insectos como el porcentaje de hoja consumida.
Los resultados más relevantes fueron prudentes, pero prometedores:
- El guayule no actuó como insecticida al uso.
- No causó mortalidad directa sobre Labidostomis.
- El efecto repelente fue moderado.
- El efecto más claro fue antialimentario: al insecto le desagradaba la hoja tratada y comía menos.
En el caso de la resina de guayule, la ponencia destacó un efecto antialimentario superior al 85%, por encima de los aceites esenciales comparados en el ensayo. Además, la resina completa funcionó mejor que algunos compuestos aislados, lo que abre la hipótesis de posibles sinergias entre diferentes moléculas.
De laboratorio a semicampo: el paso necesario
Una idea importante de la ponencia fue no quedarse en el laboratorio. Como explicó Latorre, hay resultados que funcionan en condiciones controladas pero no necesariamente en campo, donde intervienen clima, radiación, comportamiento del insecto, estado de la planta y otros factores.
Por eso se realizaron ensayos de semicampo en invernadero, con plantas jóvenes de pistacho de la variedad Kerman. Se probaron distintas concentraciones de resina, incluyendo 0,3% y 1%, y se observó de nuevo un efecto repelente y antialimentario dependiente de la concentración, con mejor rendimiento al 1%. También se indicó que el efecto dependía de la distancia al punto de suelta de los insectos.

Esto no significa que el guayule ya sea una solución lista para aplicar en campo. La propia ponente fue clara: todavía queda recorrido para mejorar formulación, dosificación y ensayos reales de campo antes de poder trasladar esta herramienta a los agricultores.
Qué debe llevarse el agricultor de pistacho
La principal conclusión no es que el guayule sea ya una receta contra Labidostomis. La conclusión es más técnica y, probablemente, más interesante: existe una línea de investigación prometedora para reducir el daño alimentario de esta plaga mediante compuestos vegetales, dentro de una estrategia de manejo integrado.
Para el agricultor, el mensaje práctico sería:
- Vigilar especialmente las plantaciones jóvenes entre abril y junio.
- No subestimar apariciones repentinas de adultos.
- Valorar el daño real en función de la defoliación y el estado del árbol.
- Seguir de cerca las nuevas investigaciones sobre herramientas sostenibles.
- Evitar interpretar resultados experimentales como recomendaciones cerradas de campo.
Una plaga que exige investigación propia
Labidostomis, conocida comúnmente como clitra, en pistacho representa bien el momento actual del cultivo en España: nuevas superficies, muchas plantaciones jóvenes, necesidades específicas en ecológico y problemas que no siempre tienen una respuesta importada de otros países productores.
El guayule abre una vía interesante, pero aún experimental. Su potencial no está en “matar” la plaga, sino en hacer que la hoja de pistacho resulte menos atractiva para el insecto. Ese cambio de enfoque puede ser muy valioso si se integra en estrategias más amplias de monitoreo, prevención y manejo sostenible.
En Pistacho Pro seguiremos atentos a esta línea de trabajo, porque entender mejor estas plagas emergentes es clave para tomar decisiones más seguras en campo.