10 aprendizajes de la industria del pistacho en California

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Durante las primeras semanas de julio, nuestro director técnico, Mario González-Mohino, viajó a California junto a Esaú Martínez Burgos, investigador del IRIAF-CIAG El Chaparrillo, y dos agricultores de Toledo y Ciudad Real. El viaje se enmarcó en un estudio realizado en colaboración con la Universidad de California, Davis, sobre la sostenibilidad y la captura de carbono en el cultivo del pistacho.

Durante varios días tuvieron la oportunidad de conocer de primera mano todo el ciclo del pistacho californiano: desde los viveros, las plantaciones y los ensayos de campo hasta la recolección, el procesado y la comercialización. En este artículo compartimos los principales aprendizajes del viaje.

1. La genética importa, pero no lo resuelve todo

El patrón UCB-1 sigue siendo la base  del pistacho californiano. Procede del cruce entre Pistacia atlantica y Pistacia integerrima. Durante el viaje pudimos ver incluso un ejemplar macho de Pistacia integerrima, plantado en 1929 y relacionado con el origen de este material.

También aclaramos una cuestión importante: según la información recogida durante las visitas, el UCB-1 se presenta como la mejor alternativa resistente a la verticilosis, una enfermedad causada por un hongo del suelo. A pesar de ello, el drenaje y el manejo del agua siguen siendo determinantes. 

Durante el viaje también conocimos Platinum, un patrón clonal procedente del cruce inverso al UCB-1: Pistacia integerrima por Pistacia atlantica. Fue seleccionado dentro de una población de plantas por su resistencia a la verticilosis y su elevado vigor. Al propagarse mediante cultivo de tejidos, los árboles obtenidos son genéticamente iguales y presentan una mayor uniformidad dentro de la plantación.

Platinum comparte muchas características con UCB-1, como el vigor y la tolerancia a la salinidad y al frío. La principal diferencia es que Platinum corresponde a una selección clonal concreta, mientras que UCB-1 puede encontrarse tanto en planta procedente de semilla como en distintas selecciones clonales. El feedback que nos transmitieron fue que no es tan resistente como UCB-1 a Verticillium y que las plantaciones a pesar de que crecían más rápido no eran tan productivas, datos que no pudimos contrastar. 

Visitamos, también, Duarte Nursery donde conocimos cuatro patrones clonales de alto vigor: V211, V214, D110 y D71. Son plantas obtenidas a partir de un mismo material seleccionado para conseguir árboles más homogéneos.

Según los ensayos del vivero, iniciados en 2015, estos clones habían desarrollado copas alrededor de un 20 % mayores y producciones entre un 30 % y un 32 % superiores al UCB-1 de semilla.

La uniformidad es una de sus ventajas. En plantaciones de UCB-1 procedente de semilla se observan diferencias claras de crecimiento entre árboles de una misma fila.

Ahora bien, más vigor también supone más necesidades. Si falta agua o el suelo es limitado, esa ventaja puede dejar de serlo.

La genética ayuda, pero no corrige una mala parcela ni un manejo equivocado.

2. No existe una variedad buena para cualquier sitio

Kerman sigue teniendo mucho peso en California, aunque Golden Hills aparece cada vez más en las nuevas plantaciones.

Los productores destacaban su entrada temprana en producción, la anticipación de la cosecha y, en algunos casos, una menor vecería o alternancia entre años de mucha y poca producción. Además, encaja bien en plantaciones diseñadas para mecanizar.

Pero lo que funciona allí no tiene por qué responder igual aquí. En determinadas condiciones españolas de secano o suelos pobres, Golden Hills ha mostrado problemas de cuajado y aborto de racimos.

 

Por eso creo que debemos dejar de valorar las variedades de forma aislada. Su comportamiento depende del patrón, el suelo, el clima, el agua, la nutrición y la polinización.

También hablamos de machos como “Famoso” y “Tejón”. Más allá del nombre, lo importante es que su floración coincida con la de la variedad hembra ya que durante los últimos años “Peter” se está adelantando y esto está dando algunos problemas en la floración. 

En España hemos visto combinaciones que no sincronizan bien todos los años. Necesitamos observaciones locales y datos de varias campañas, no solo una recomendación general.

La mejor variedad no es la que más produce en otro país, sino la que mejor responde en tu finca.

3. La plantación debe diseñarse pensando en el futuro

Uno de los marcos que vimos con frecuencia fue de unos 5,2 por 5,8 metros, equivalente al marco californiano de 17 por 19 pies. Esto supone alrededor de 330 o 340 árboles por hectárea.

También vimos planteamientos más intensivos, cercanos a 4 por 6 metros, asociados a patrones clonales y sistemas de formación en eje central.

Lo interesante no es decidir qué marco es mejor de forma general. La clave es que allí se elige pensando desde el principio en la maquinaria, la entrada de luz en la copa, la poda y la recolección.

La altura del tronco, la anchura de las calles y la formación del árbol no se improvisan cuando llega la primera cosecha.

En España todavía encontramos proyectos donde primero se planta y después se comprueba qué maquinaria puede entrar. La visita nos confirmó que el orden debería ser el contrario.

Antes de plantar, hay que imaginar cómo se va a trabajar esa finca dentro de diez años.

4. El agua explica buena parte de la diferencia

Es imposible comparar California y España sin hablar del agua.

En varias explotaciones se manejaban dotaciones próximas a 9.000-10.000 m³/ha. En otras conversaciones aparecieron referencias cercanas a 12.000 m³/ha.

Son cifras muy alejadas de la realidad de muchas plantaciones españolas y explican una parte importante de las diferencias productivas.

También visitamos una finca que declaraba utilizar aproximadamente 2000 – 2500 m³/ha con riego localizado. Fue un caso especialmente llamativo, pero no representa la situación general de California.

Tampoco existe allí una única opinión sobre cuánto regar y sobre que diseño de riego es el más adecuado. Algunos asesores consideraban que calcular el riego solo a partir del agua que pierden el suelo y la planta podía llevar a excesos en determinados terrenos. Por otro lado, otros muchos se basan en tablas de cálculo estándar en base a la edad del árbol.

Su planteamiento era sencillo: el árbol necesita agua, pero la raíz también necesita oxígeno. Ahora bien, su tipología de suelos y profundidad pueden permitirse calendarios de riego y duración de los mismos que en nuestras circunstancias provocan encharcamientos y problemas grandes de drenaje.

Poco a poco se está trabajando con sensores, drones y dendrómetros, aparatos que miden pequeñas variaciones en el grosor del tronco, para conocer mejor la respuesta real del árbol. Aún así y por una cuestión de “necesidad” en nuestras regiones esta tecnología está mucho más integrada en el manejo de las plantaciones.

No podemos comparar producciones sin comparar antes el agua disponible y el suelo de cada finca.

5. Antes de aportar más fertilizante, hay que mirar el suelo

Durante las visitas se habló mucho de salinidad, sodio, magnesio y estructura del suelo.

En algunas explotaciones aplicaban entre 1.000 y 2.000 kg/ha de sulfato cálcico, el yeso que se utiliza como enmienda para mejorar determinados suelos. Su función era aportar calcio, ayudar a desplazar el sodio y facilitar su lavado con el riego.

También nos explicaron que un exceso de magnesio podía reducir la disponibilidad de calcio y potasio.

Esto obliga a mirar más allá de la dosis. Puedes aportar potasio, pero si el suelo lo retiene o la raíz funciona mal, el árbol no necesariamente lo aprovechará.

Las referencias de fertilización recogidas variaban mucho: aproximadamente entre 110 y 220 kg de nitrógeno por hectárea y entre 65 y 110 kg de potasio por hectárea.

No son cifras para copiar en España. Deben ajustarse a la producción, el suelo, el agua, los análisis foliares y la situación de cada plantación.

En general y al igual que con el riego y manejo sanitario suelen guiarse de tablas aportadas por la universidad o los propios fabricantes de fertilizantes. 

También encontramos opiniones diferentes sobre algas, aminoácidos y otros bioestimulantes. En general, no son productos que estén utilizando y en algunos casos incluso los desconocen. 

Antes de aplicar un producto, conviene saber qué problema queremos resolver y cómo vamos a medir el resultado.

6. La poda fue uno de los puntos que más nos hizo pensar

Uno de los ensayos más interesantes comparaba tres sistemas en Golden Hills sobre UCB-1: vaso convencional de tres brazos, eje central modificado y mínima intervención, lo que allí llamaban “no poda”.

En el sistema convencional se realizaban muchos cortes. En el eje central se formaba el árbol alrededor de un tronco principal. En el sistema de mínima intervención se hacía un pinzado inicial, se eliminaban las ramas bajas y después se dejaba crecer al árbol con pocos cortes.

Tras cinco cosechas, los sistemas de eje central y mínima intervención presentaban las mayores producciones acumuladas y menos frutos vacíos que el sistema convencional.

Además, los árboles con menos poda entraron un año antes en producción y alcanzaron unos 500 kg/ha en su primera cosecha.

Esto no significa que no haya que podar. Las condiciones del ensayo son distintas de las de muchas fincas españolas.

Lo que sí nos obliga es a revisar cada intervención. La poda cuesta dinero, elimina madera y provoca una respuesta del árbol. Cada corte debería servir para formar, renovar, mejorar la entrada de luz, eliminar madera enferma o facilitar el paso de la maquinaria.

Si no sabemos para qué hacemos un corte, quizá deberíamos pensarlo antes de hacerlo.

7. En sanidad vegetal, acertar con el diagnóstico es media solución

En algunas explotaciones se realizaban alrededor de cinco o seis tratamientos al año, dirigidos principalmente a chinches, a la polilla o el “gusano de la naranja” —conocida allí como Navel orangeworm— y a enfermedades como botriosferia, botritis o alternaria.

Esos programas no pueden trasladarse directamente a España. Ni tenemos exactamente los mismos problemas ni las mismas materias activas autorizadas.

Lo más útil fue ver cómo diagnosticaban algunos daños.

En el caso de la botriosferia, cortaban la rama para comprobar si existía oscurecimiento interno. También raspaban las lesiones para distinguir una mancha superficial de una infección que penetraba en el tejido.

Con las chinches nos explicaron que no todas las picaduras evolucionan igual. Dos frutos con daños parecidos pueden terminar de forma diferente dependiendo, entre otros factores, de la presencia de patógenos.

El navel orange worm es una de sus grandes preocupaciones. Utilizan trampas, seguimiento de poblaciones y retiran con cuidado los pistachos secos que permanecen en el árbol de una campaña a otra, ya que pueden servir de refugio a la plaga.

Tratar sin un buen diagnóstico puede salir caro y, además, no resolver el problema.

8. La vecería sigue estando ahí

A pesar de toda la tecnología y experiencia acumulada, California tampoco ha resuelto por completo la alternancia productiva.

Allí hablan de años ON, de alta producción, y años OFF, de menor carga. En algunas de las fincas visitadas se citaron producciones próximas a 1.500 kg/ha en campañas flojas y de entre 4.000 y 4.500 kg/ha en años buenos.

Son cifras de explotaciones concretas, no una media de todo el estado.

La carga condiciona también la recolección. En un año flojo puede hacerse un único pase. Con más producción, algunas fincas realizan dos, dejando unos diez o doce días entre ambos.

En determinados casos se plantea un tercer pase si permite recuperar más de 500 kg/ha. Además del fruto recogido, ayuda a reducir los pistachos secos que quedan en el árbol y pueden albergar plagas.

La variedad también cambia la estrategia. Golden Hills madura con rapidez y no permite retrasarse demasiado. Kerman ofrece algo más de margen.

La cosecha no se organiza igual en un año de 1.500 kilos que en uno de 4.500.

9. La mecanización comienza años antes de la cosecha

La recolección está muy mecanizada. Las máquinas vibran el árbol y reciben el fruto mediante superficies o planos inclinadas, evitando que caiga al suelo.

Pero la cosechadora solo funciona bien porque todo se ha preparado para ella.

El tronco tiene la altura adecuada, las calles permiten el paso del equipo y la copa se mantiene fuera de determinadas zonas. La mecanización empieza con el diseño y la formación de la plantación.

Y, ese es uno de los principales factores limitantes de las plantaciones de mayor edad. Cuando el diámetro del tronco impide realizar una correcta recolección es el momento de reemplazarla. Ejemplo de eso es esta plantación de 60 años de edad, aun que esta sigue produciendo gran parte del fruto queda en el árbol debido a que la vibración no se transmite a las ramas y la gran parte de los frutos quedan sin recoger.

También nos llamó la atención la velocidad con la que el fruto llega a la procesadora. El objetivo es pelarlo y secarlo cuanto antes para reducir manchas y pérdidas de calidad.

Esta coordinación entre finca e industria es una de las fortalezas del modelo californiano.

La mecanización no empieza cuando llega la cosechadora; empieza el día en que se diseña la plantación.

10. La industria marca una diferencia enorme

Hasta que no visitas algunas de sus plantas, cuesta entender la dimensión del sistema. Aun que nosotros no tuvimos oportunidad de verla desde dentro. 

California cuenta con grandes operadores capaces de recibir, procesar, clasificar y comercializar volúmenes enormes. Wonderful es el ejemplo más conocido, pero la enseñanza está en la integración de toda la cadena.

En TOMRA vimos equipos capaces de separar pistacho abierto y cerrado, detectar defectos externos, identificar problemas internos mediante rayos X y expulsar cada unidad defectuosa con aire.

También resultó interesante la recuperación de producto válido dentro de los rechazos. No todo lo que sale de la primera selección se da por perdido.

Las grandes plantas pueden colocar varias máquinas en serie. En España, con menores volúmenes, se plantean instalaciones modulares o varias pasadas con un mismo equipo.

Nuestro sector está mucho más fragmentado. El reto no es solo disponer de capacidad para procesar. También hay que asegurar volumen, mantener una calidad homogénea, comercializar bien y construir una imagen reconocible para el pistacho español.

“El valor del pistacho no termina en el árbol; una parte importante se juega después de la cosecha.”

El principal aprendizaje del viaje

No podemos copiar su modelo, pero sí aprovechar su experiencia.

California no basa su producción en una sola técnica. Genética, agua, suelo, poda, sanidad, cosecha e industria trabajan como un conjunto.

En España hemos crecido muy rápido en superficie. Ahora toca conseguir producciones más regulares, procesar con calidad y vender mejor.

Ese es, probablemente, nuestro siguiente reto: dejar de pensar solo en plantar pistachos y empezar a trabajar todo lo que viene después.

¡Gracias a todas las personas que tan amablemente nos han atendido y compartido su conocimiento en esta maravillosa experiencia! 

 

Estas diez claves son solo una parte de todo lo aprendido durante el viaje técnico de Pistacho Pro a California. Para profundizar en las visitas, los ensayos y las reflexiones que surgieron sobre el terreno, puedes ver el webinar completo con Mario González y Esaú Martínez. Además, en el videoblog de Mario encontrarás el recorrido día a día por explotaciones, centros de investigación, viveros y empresas vinculadas a la industria californiana del pistacho.

 

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