¿Estamos podando demasiado el pistacho joven? Un ensayo en California cuestiona la poda de formación

Durante los primeros años de una plantación de pistacho, buena parte del trabajo se concentra en formar el árbol. Se despunta, se seleccionan ramas principales, se eliminan brotes y se corrigen aquellos crecimientos que se alejan de la estructura que buscamos.

El objetivo es conseguir un árbol resistente, productivo y compatible con la futura recolección mecánica. Es una práctica asumida desde hace décadas. Pero merece la pena hacerse una pregunta: ¿hasta qué punto son necesarios todos esos cortes?

Un ensayo de larga duración desarrollado por investigadores de la Universidad de California lleva varios años estudiando esta cuestión. El trabajo compara la formación convencional del pistachero con un sistema en eje central modificado y con árboles prácticamente sin formar. Los últimos resultados del ensayo, presentados en marzo de 2026, pueden consultarse en el documento original publicado por la Universidad de California.

Estos últimos resultados, son todavía preliminares, pero llaman la atención. Reducir la intensidad de poda durante los primeros años disminuye considerablemente el número de cortes y, hasta ahora, no ha perjudicado ni el crecimiento del árbol ni la eficiencia de la recolección. Los tratamientos menos intervenidos, además, han acumulado más producción durante los primeros años de cosecha.

No quiere decir que haya que dejar de podar el pistacho. Pero sí invita a revisar qué aporta realmente cada corte y durante cuánto tiempo necesitamos seguir formando el árbol.

Tres formas de formar un pistachero

Los principales ensayos se encuentran en los condados californianos de Kings y Yolo. En ellos se comparan tres estrategias.

  1. La primera es la formación convencional, el sistema más intervencionista. Durante los primeros años se suceden los despuntes, la selección de ramas principales y los recortes destinados a construir progresivamente la copa.
  2. El eje central modificado reduce bastante esas intervenciones. El árbol continúa teniendo una estructura dirigida, pero no se realizan despuntes durante el periodo vegetativo y se conserva un eje central más largo que el resto de los brotes.
  3. El tercer tratamiento corresponde a árboles sin formación. No se realiza el despunte inicial ni una poda destinada a construir una copa predeterminada. Básicamente se eliminan las ramas excesivamente bajas, algo que también se hace en los otros tratamientos.

La diferencia entre los tres sistemas es considerable. Y se ve especialmente bien cuando se cuenta el número de veces que hay que meter las tijeras.

Pistacheros con formación convencional, eje central modificado y sin formación en un ensayo de California
Comparación visual de los tres tratamientos del ensayo: formación convencional, eje central modificado y árboles sin formación. Fotografías tomadas el 15 de marzo de 2026.

Casi la mitad de cortes con el eje central modificado

Los investigadores calcularon los cortes acumulados entre 2018 y 2026 tomando como referencia una superficie de 80 acres, unas 32 hectáreas.

La formación convencional alcanzó 1.610.992 cortes. En el eje central modificado fueron 832.944. Aproximadamente un 48 % menos.

Los árboles sin formación, por definición, no recibieron cortes destinados a construir la copa, más allá de la eliminación de ramas bajas.

Evidentemente, no podemos traducir esa diferencia directamente a horas o costes de mano de obra. No supone el mismo trabajo despuntar un brote pequeño que eliminar una rama de mayor diámetro. Aun así, más de 778.000 cortes de diferencia en 32 hectáreas permiten hacerse una idea de lo que puede suponer una formación menos intervencionista.

Sobre todo cuando hablamos de una labor que hay que repetir árbol por árbol y año tras año.

Podar más no hizo crecer más a los árboles

En el ensayo de Yolo, la evolución de la altura fue bastante similar entre los tres tratamientos. Las mediciones realizadas sobre el injerto siguieron también trayectorias próximas. La mayor intensidad de poda de la formación convencional no terminó produciendo árboles claramente más grandes.

Aquí conviene diferenciar el vigor que observamos en determinados brotes después de una poda del crecimiento global del árbol.

Tras un corte puede aparecer una respuesta vegetativa intensa en los brotes próximos. Al mismo tiempo, hemos eliminado madera, yemas y superficie foliar. Son dos cosas que ocurren a la vez.

Hasta el momento, los resultados del ensayo no muestran una ventaja clara en el desarrollo general del árbol por haber intervenido más durante su formación.

Los árboles menos podados acumularon más producción

Las diferencias más interesantes aparecen cuando se analizan las cosechas.

En Kings Site #1, con Lost Hills sobre PG1, la producción acumulada hasta la octava hoja fue aproximadamente de:

  • 7.822 kg/ha con formación convencional.
  • 9.580 kg/ha con eje central modificado.
  • 9.160 kg/ha en los árboles sin formación.

En Yolo, con Golden Hills sobre UCB1 de semilla, se repitió el patrón:

  • 6.264 kg/ha con formación convencional.
  • 8.567 kg/ha con eje central modificado.
  • 8.264 kg/ha en los árboles sin formación.

En las dos parcelas, los tratamientos menos intervenidos acumularon más producción durante esta primera etapa.

Tiene sentido pensar que conservar una mayor parte del crecimiento del árbol puede favorecer una entrada más temprana en producción. Pero eso es una interpretación agronómica; los datos del ensayo, por sí solos, no permiten atribuir toda la diferencia productiva a ese mecanismo.

Sí muestran algo bastante claro: podar menos durante la formación no ha supuesto hasta ahora una penalización productiva.

Queda por saber si esas diferencias se mantendrán cuando los árboles sean adultos.

¿Qué ocurre cuando llega la recolección?

Este es uno de los puntos que más dudas puede generar al pensar en árboles formados con menos intervenciones. Ahorrar trabajo durante los primeros años sirve de poco si después la estructura dificulta la recolección.

Los investigadores midieron cuánto fruto retiraba la máquina en una primera pasada y realizaron posteriormente una segunda recolección para comprobar cuánto había quedado en los árboles.

En las mediciones realizadas en Kings y Yolo no aparecieron diferencias significativas en el porcentaje de cosecha retirada mecánicamente entre los tres sistemas.

Por ahora, los árboles menos intervenidos no han mostrado una desventaja en este aspecto.

La prueba más exigente llegará con el tiempo, cuando los árboles tengan mayor tamaño, más años de producción y cargas de cosecha más importantes.

¿Y si dejamos de podar antes?

Hay una parte del ensayo de Yolo que puede resultar especialmente interesante desde el punto de vista práctico. En lugar de comparar árboles formados con otros prácticamente libres, los investigadores probaron algo más sencillo: formar inicialmente el árbol de manera convencional y dejar de podarlo antes.

Se compararon árboles Golden Hills que continuaron recibiendo poda con otros en los que se interrumpió después de la cuarta o de la quinta hoja.

Comparación de pistacheros con poda continua y poda interrumpida después de la cuarta y quinta hoja en el ensayo de Yolo
Evolución entre 2024 y 2026 de los árboles con poda continua y de aquellos en los que la poda se interrumpió después de la cuarta o quinta hoja en el ensayo de Yolo, California. Fuente: Universidad de California.

Hasta 2024, la producción acumulada fue de:

  • 3.114 kg/ha en los árboles que continuaron podándose.
  • 3.906 kg/ha cuando la poda se detuvo después de la quinta hoja.
  • 4.435 kg/ha cuando se detuvo después de la cuarta hoja.

Hasta esa fecha, dejar de podar antes no penalizó la producción acumulada.

La reducción del número de cortes también fue importante. Las estimaciones del ensayo muestran ahorros acumulados que van desde aproximadamente un 37 % cuando se deja de podar después de la quinta hoja hasta un 93 % cuando se hace después de la segunda.

No todos estos tratamientos tienen todavía el mismo recorrido productivo, por lo que habrá que seguir viendo su evolución. Pero la pregunta surge casi sola: ¿durante cuántos años merece realmente la pena seguir formando un pistachero?

California no es España

Los resultados son sugerentes, pero no podemos trasladarlos directamente a una plantación española.

Los ensayos se han realizado en California, con sus condiciones de clima, suelo y manejo, y con combinaciones concretas de variedades y portainjertos. Tampoco sabemos todavía cómo se comportarán estas estructuras después de muchos años soportando cosechas importantes.

Habrá que ver si los árboles menos intervenidos mantienen una estructura adecuada, cómo responden a sucesivos ciclos de carga y descarga y si la recolección continúa funcionando igual cuando alcancen la edad adulta.

Por eso sería precipitado interpretar este trabajo como una recomendación para dejar de podar o para sustituir los sistemas de formación utilizados actualmente en España. Harían falta ensayos en nuestras condiciones. Lo interesante está en las preguntas que abre.

¿Estamos formando el árbol o simplemente seguimos podando?

Hay cortes durante la formación que tienen una finalidad evidente. Necesitamos una altura de tronco compatible con la maquinaria, evitar ramas excesivamente bajas y corregir estructuras que puedan convertirse en un problema cuando el árbol soporte una cosecha importante.

Pero una vez conseguida esa estructura básica, la situación cambia: ¿Es necesario seguir despuntando todos los años? ¿Cada corte mejora realmente la estructura? ¿En qué momento la poda deja de aportar lo suficiente como para justificar el trabajo y el crecimiento que estamos eliminando?

Los ensayos de California llevan varios años ofreciendo una imagen poco habitual. Los árboles menos intervenidos no son claramente más pequeños, no han mostrado problemas de recolección mecánica en los años evaluados y han acumulado más producción durante su etapa juvenil. Y para llegar hasta ahí han necesitado muchos menos cortes.

El eje central modificado resulta especialmente interesante en este sentido. No supone abandonar la formación del árbol, pero sí reducir considerablemente la intervención y conservar una mayor parte de su crecimiento.

¿Funcionaría igual en España? No lo sabemos. Y precisamente por eso sería interesante ensayarlo aquí. Mientras tanto, quizá estos resultados sirvan para mirar de otra manera una labor que muchas veces hacemos casi por rutina. Formar bien un pistachero no debería significar necesariamente cortar mucho.

Al final, una buena poda también consiste en saber qué ramas necesitamos, cuáles sobran y cuándo es mejor guardar las tijeras.

 

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