En apenas unos años, el sector del pistacho en España ha pasado de hablar casi exclusivamente del cultivo a mirar con atención todo lo que ocurre después de la recolección. La capacidad de procesado, la rapidez con la que el fruto llega a la industria o la forma en la que se establece la relación entre agricultor y procesadora son hoy cuestiones casi tan importantes como la producción en campo.
En ese escenario emerge Saba Pistachio, un proyecto que afronta su cuarta campaña y que nació con una idea poco habitual: construir la empresa desde tres pilares —producción, comercialización e industria— para que cada una de esas áreas reforzara a las demás. Desde Pistacho Pro descubrimos que hay detrás del proyecto Saba Pistachio y por que es mucho más que una planta de procesado.«La industria puede incorporar la mejor tecnología disponible, pero si el agricultor no sabe qué ocurrirá con su cosecha cuando sale de la finca, seguirá existiendo una parte del proceso basada en la incertidumbre.» José Miguel Olmeda DG de Planificación y Produccion Agraria SABA Pistachio.
Mucho antes de que existiera la planta de procesado.
La iniciativa comenzó años antes con una estrategia poco frecuente. Mientras las primeras hectáreas empezaban a desarrollarse, el equipo decidió poner en marcha la parte comercial. La lógica era sencilla: esperar a tener producción propia significaba llegar tarde al mercado. Aquellos primeros años sirvieron para conocer las necesidades de productores y compradores, crear una red de contactos y entender cómo estaba evolucionando un cultivo que todavía daba sus primeros pasos en muchas zonas de España. Solo después llegó la inversión industrial. Hoy el proyecto cuenta con 220 hectáreas de cultivo propias y se encuentra en plena expansión. Aún así, la producción de la empresa representa únicamente una parte de la actividad que desarrolla la planta.La confianza no se improvisa
A lo largo de la conversación hubo un concepto que aparece una y otra vez: confianza. No como un eslogan comercial, sino como una forma de entender la relación entre la industria y el agricultor. En opinión de los responsables de Saba Pistachio, durante demasiado tiempo el productor ha asumido incertidumbres que escapaban a su control. Una vez terminada la recolección, todavía quedaban demasiadas preguntas sin responder: cuál sería el rendimiento final, qué porcentaje se consideraría comercial o incluso cuál sería el importe definitivo que recibiría por su cosecha. Su propuesta consiste precisamente en eliminar esas dudas antes de que empiece la campaña. Cada explotación se estudia de manera individual, analizando aspectos como la variedad, la edad de la plantación o sus características productivas. Con esa información se establecen unas condiciones claras desde el principio. En sus propias palabras:Cuando el agricultor termina de recoger el pistacho, su trabajo también termina. A partir de ahí, la responsabilidad pasa a la industria.
Procesar antes para conservar mejor
La rapidez en la recepción y procesado es otro de los ejes del proyecto. Un aspecto vital para el cuidado del fruto y para evitar posibles problemáticas como las aflatoxinas. Uno de los objetivos que se han marcado es reducir a menos de doce horas el tiempo que transcurre entre la recolección y el inicio del procesado. Aunque durante años se ha trabajado con ventanas próximas a las veinticuatro horas, consideran que acortar ese plazo contribuye a preservar mejor la calidad del fruto y a optimizar todo el proceso posterior. La filosofía de le empresa consiste en procesar en el menor tiempo posible desde que el fruto abandona el árbol. Ese aspecto conlleva no solo a mejorar la planta de procesado si no a cuidar en detalle la recolección y logística para con sus proveedores. Su compromiso es firme:Del árbol a la planta de procesado en 12 horas
La compra en verde exige explicar mucho más que un precio
La compra en verde ocupa una parte importante de la conversación, pero no desde el enfoque habitual. Más que hablar de precios, los responsables de Saba Pistachio insisten en la necesidad de explicar cómo se calcula el valor real de una cosecha. No todas las plantaciones producen el mismo porcentaje de pistacho comercial y tampoco puede aplicarse el mismo criterio a todas las variedades o edades de los árboles. Por eso dedican una parte importante de su trabajo a explicar qué se considera residuo, cómo afectan los pistachos vanos o los medios granos al rendimiento final y por qué dos explotaciones pueden obtener resultados diferentes aun habiendo producido cantidades similares. Ese ejercicio de transparencia pretende evitar sorpresas cuando la cosecha ya ha pasado por la planta.
