Avances en el control de enfermedades del pistacho

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El control de enfermedades del pistacho está cambiando. Cada vez importa menos actuar solo cuando aparecen los síntomas y más anticiparse: detectar el riesgo antes de que el problema sea visible, ajustar los tratamientos y reducir pérdidas en campo y en comercialización.

Este fue uno de los enfoques principales de la ponencia “Avances recientes en la investigación para el control de enfermedades del pistacho y del almendro”, impartida por el Dr. Themis Michailides, de la University of California Davis, durante el evento de Phytoma “Presente y Futuro de la Fitosanidad en Pistacho y Almendro”.

Aunque la charla abordó también el almendro, en este artículo nos centramos solo en los aprendizajes aplicables al pistacho: Botryosphaeria, Alternaria «late blight», resistencia a fungicidas y contaminación por aflatoxinas y ocratoxinas.

De tratar síntomas a anticipar riesgos

Durante años, el manejo sanitario se ha basado en observar daños visibles: brotes secos, racimos afectados, manchas en hojas, chancros o frutos dañados. El problema es que, cuando esos síntomas aparecen, la enfermedad puede llevar tiempo presente en la parcela.

La investigación reciente va en otra dirección: detectar el riesgo antes de que el daño sea evidente. Esto permite tomar decisiones más ajustadas, evitar tratamientos innecesarios y mejorar la eficacia de las intervenciones.

“El futuro del control de enfermedades en pistacho no pasa por tratar más, sino por decidir mejor cuándo, cómo y por qué tratar.”

Botriosfera en pistacho: una enfermedad de alto impacto

Una de las enfermedades más relevantes en pistacho es Botriosfera, una patología que puede afectar a brotes y racimos.

Cuando avanza, puede provocar secado de brotes, daños en racimos, chancros en madera y pérdidas importantes de rendimiento. En los brotes afectados pueden formarse picnidios, pequeñas estructuras que actúan como depósitos de esporas. Con la lluvia, esas esporas se dispersan y pueden llegar a las yemas del pistacho.

Algunas yemas se infectan, otras quedan contaminadas y otras pueden mantener infecciones latentes, es decir, infecciones que todavía no muestran síntomas visibles.

Este punto es importante: una parcela puede tener riesgo antes de que el agricultor vea daños claros.

Monitoreo de yemas: medir el riesgo antes de la campaña

Uno de los avances presentados fue el uso del monitoreo de yemas en reposo vegetativo para estimar el riesgo de Botriosfera.

La idea es sencilla: si las yemas ya tienen presencia del patógeno antes del inicio de la actividad vegetativa, la parcela puede tener más riesgo de desarrollar enfermedad durante la campaña.

El procedimiento consiste en recoger yemas en febrero o marzo, desinfectarlas, colocarlas en placas de laboratorio y observar si crecen colonias de Botriosfera.

Los resultados permitieron relacionar el nivel de Botriosfera detectado en yemas con los daños posteriores en brotes y racimos. Así, el análisis se convierte en una herramienta práctica para orientar el número de tratamientos.

De forma orientativa:

  • Si no se detecta Botriosfera en yemas, no se recomiendan tratamientos.
  • Entre el 1% y el 3%, el riesgo es bajo y se recomienda un tratamiento.
  • Entre el 4% y el 8%, el riesgo es moderado y se recomiendan dos o tres tratamientos.
  • Con niveles altos, se recomiendan tres o más tratamientos.

La utilidad está en no manejar todas las parcelas igual. Una plantación con baja presión no necesita la misma estrategia que otra con una carga alta del patógeno.

Qué significan FRAC 3, 7 y 11

En la ponencia se mencionaron los grupos FRAC 3, FRAC 7 y FRAC 11 como algunos de los grupos de fungicidas más eficaces frente a Botriosfera.

Para entenderlo fácil, FRAC es una clasificación internacional que agrupa los fungicidas según su modo de acción, es decir, según la forma en la que actúan contra el hongo.

No es una marca comercial ni un producto concreto. Sirve para saber si dos fungicidas actúan de forma parecida o diferente.

  • FRAC 3: incluye fungicidas conocidos como DMI. Actúan dificultando que el hongo forme correctamente su membrana celular.
  • FRAC 7: incluye fungicidas que afectan a la respiración del hongo, impidiendo que obtenga energía con normalidad.
  • FRAC 11: también actúa sobre la respiración del hongo, pero en un punto distinto al grupo 7.

¿Por qué importa? Porque repetir siempre fungicidas con el mismo modo de acción puede favorecer la aparición de resistencias. Alternar grupos FRAC ayuda a diseñar estrategias más sostenibles.

En Botriosfera, una ventaja es que no desarrolla resistencia a fungicidas con facilidad. Aun así, la rotación de modos de acción sigue siendo una práctica recomendable.

Alternaria late blight: el reto de la resistencia

Otra enfermedad importante en pistacho es Alternaria «late blight», causada por Alternaria alternata.

En este caso, el problema no es solo la enfermedad, sino la posible aparición de resistencias a fungicidas. La resistencia aparece cuando una población del hongo deja de responder bien a un tratamiento que antes era eficaz.

Esto puede ocurrir si se usa muchas veces el mismo tipo de fungicida o si se repiten modos de acción sin una estrategia clara.

Por eso, en Alternaria no basta con saber que la enfermedad está presente. También conviene saber si las poblaciones del hongo siguen siendo sensibles a los fungicidas utilizados.

Qué es qPCR y por qué ayuda en el diagnóstico

Para detectar patógenos y estudiar resistencias se utilizan técnicas como la qPCR.

Explicado de forma sencilla, la qPCR es una técnica de laboratorio que permite detectar y medir material genético de un organismo. En este caso, puede servir para saber si hay presencia de un hongo concreto o si existen señales asociadas a resistencia a determinados fungicidas.

No es una herramienta de campo inmediata, sino una técnica de diagnóstico que aporta más precisión que la observación visual.

Por ejemplo, en Alternaria se pueden tomar lesiones de hojas en campo y analizarlas en laboratorio para comprobar si el hongo presenta resistencia a determinados grupos de fungicidas.

Esta información ayuda a evitar tratamientos poco eficaces y a diseñar programas más ajustados a la realidad de cada zona.

DMI: una familia de fungicidas dentro del grupo FRAC 3

Los DMI son un grupo de fungicidas incluidos dentro del FRAC 3.

Su función es dificultar que el hongo forme correctamente su membrana celular, algo necesario para su desarrollo. Dicho de forma sencilla: interfieren en un proceso básico para que el hongo pueda crecer.

Cuando se habla de DMI no se habla de una marca concreta, sino de una familia de fungicidas con un modo de acción determinado.

Como ocurre con otros grupos, su eficacia puede verse comprometida si se usan de forma repetida sin alternancia con otros modos de acción.

Tratar más no siempre es controlar mejor

Uno de los aprendizajes más importantes es que las zonas donde se realizan más tratamientos tienden a presentar niveles más altos de resistencia.

Esto no significa que los tratamientos no sean necesarios. Significa que deben utilizarse con criterio.

La conclusión práctica es clara: en pistacho, una estrategia sanitaria eficaz debe combinar observación, diagnóstico, alternancia de modos de acción y tratamientos bien justificados.

Además, las lluvias tardías pueden favorecer el desarrollo de Alternaria y la aparición de hongos oportunistas como Cladosporium, Penicillium y Fusarium. Por eso, cada campaña debe interpretarse según sus condiciones de humedad, temperatura, estado fenológico e historial sanitario de la parcela.

Aflatoxinas y ocratoxinas: un riesgo poco frecuente, pero crítico

Otro de los grandes bloques de investigación se centra en la contaminación por aflatoxinas y ocratoxinas.

En pistacho, ciertos hongos del género Aspergillus, como Aspergillus flavus y Aspergillus parasiticus, pueden producir aflatoxinas. Entre ellas, la aflatoxina B1 es especialmente importante por su toxicidad y por los límites estrictos que existen en los mercados internacionales.

Aunque la contaminación por aflatoxinas no aparece en todas las parcelas ni todos los años, cuando ocurre puede tener consecuencias comerciales importantes.

El pistacho es un producto muy vigilado en los controles de micotoxinas, por lo que reducir este riesgo es fundamental para mantener la calidad y la seguridad alimentaria.

Pistachos abiertos prematuramente y daños de insectos

Dos factores aumentan el riesgo de contaminación por aflatoxinas: los pistachos abiertos prematuramente y los daños de insectos.

Cuando un pistacho se abre antes de tiempo, el fruto queda más expuesto a la entrada de hongos. Si además hay heridas provocadas por insectos, el riesgo aumenta.

En California, uno de los insectos más relevantes en este problema es «navel orangeworm». Su nombre puede traducirse como “gusano de la naranja navel”, aunque en realidad es una polilla cuyas larvas pueden dañar distintos frutos secos, incluido el pistacho.

El problema no es solo el daño directo, sino que esas heridas facilitan la entrada de hongos productores de aflatoxinas.

Por tanto, cuantas más heridas y frutos dañados haya, mayor puede ser el riesgo de contaminación.

Biocontrol con cepas atoxigénicas de Aspergillus

Para reducir el riesgo de aflatoxinas se trabaja también con biocontrol.

La estrategia se basa en utilizar cepas de Aspergillus flavus que no producen toxinas. Estas cepas se llaman atoxigénicas. No eliminan el hongo del ambiente, pero pueden competir con las cepas que sí producen toxinas y reducir el riesgo de contaminación.

Una de las cepas utilizadas en California es AF36, y también existe otro producto registrado llamado «Aflaguard».

La eficacia puede variar según las condiciones. En frutos secos, uno de los retos es que estos productos suelen aplicarse sobre el suelo y necesitan humedad suficiente para que las esporas se desarrollen bien.

Qué implican estos avances para el pistacho

Los avances recientes apuntan hacia un manejo sanitario del pistacho más preventivo, preciso y basado en diagnóstico.

En Botryosphaeria, el monitoreo de yemas permite estimar el riesgo antes de que aparezcan daños graves. En Alternaria, el análisis de resistencias ayuda a evitar tratamientos poco eficaces. En aflatoxinas y ocratoxinas, la combinación de control de insectos, manejo del fruto, clasificación y biocontrol puede reducir el riesgo comercial.

La idea principal es clara: no se trata de aplicar más tratamientos, sino de aplicar mejor la información disponible.

Para el agricultor y el técnico, esto implica observar la parcela, conocer su historial sanitario, interpretar las condiciones de cada campaña y apoyarse en herramientas de diagnóstico cuando estén disponibles.

En Pistacho Pro seguiremos compartiendo contenidos para entender mejor el cultivo del pistacho y tomar decisiones con más criterio en campo.

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